Una idea, muebles y un gesto inolvidable

Una idea, muebles y un gesto inolvidable

Hugo Potente

Af. Nro: 239283
Gestión de donación de mobiliario para escuelas

Varios años atrás, trabajando yo en una sucursal del Banco de la Provincia de Buenos Aires en una localidad de gente muy trabajadora, de condición media a media humilde, recibimos la noticia de que iban a cambiar todos los muebles de la filial. Iban a hacer varias reformas para modernizar las instalaciones, y entre ellas, se incluía la renovación de escritorios, armarios, sillas… En fin: todo el mobiliario sería renovado.

Curioso, le pregunté al gerente que por entonces estaba a cargo de la sucursal qué haría el Banco con los muebles que se iban. Me respondió que cada mueble tenía un número de inventario (eso lo sabía, porque se podía ver en una chapita clavada en la madera), y que ese número estaba registrado en un libro. Luego, previo control, se daban de baja.

Entonces volví a preguntar qué harían con ellos, porque estaban muy buenos, le manifesté. Algún raspón, seguro tenían, pero eran muy pocos. ¡Y eran de madera maciza! Muy pesados y buenos. Me dijo que irían a un depósito, y que luego, tal vez, se harían donaciones.

Ahí fue cuando se me encendió la lamparita.

“Gerente —le dije—, ¿y si hablo con las direcciones de las escuelas? Acá hay muchas, y con muchas necesidades. ¿Y si les pido que hagan una nota donde expresen que, enterados de la modernización mobiliaria que se llevaría a cabo en esta sucursal bancaria, solicitan ser tenidos en cuenta en caso de existir posibilidad de donación?”. Le pregunté si me acompañaría con su firma en una nota a la Gerencia que correspondía, y me dijo que sí. “¡Metele nomás!”.

¡Manos a la obra, Hugo! Y así fue que, ya al día siguiente, antes de comenzar la jornada habitual de trabajo, empecé a llamar a cada escuela que sabía que tenía carencias, solicitándoles, si les parecía bien, que me hicieran las notas con el pedido, a ver qué suerte teníamos.

Fui recibiendo muy rápidamente todas esas notas. Con ellas, armé otra nota interna del Banco, con mi firma y la del gerente, y las envié al área correspondiente. Recuerdo que la respuesta fue muy rápida, y por supuesto, ¡afirmativa! Qué alegría.

Eso sí, me pidieron que me pusiera en contacto con la intendencia del partido, para que se encargaran de organizar la entrega, ya que tenían conocimiento territorial sobre qué escuela tenía mayor necesidad. Hablé con el intendente, se organizó todo para el día de la renovación, y así se hizo: envió varios camiones y se llevaron todo.

Pero lo más lindo y emotivo no fue eso —que ya de por sí lo era—, sino lo que vino después. Empezamos a recibir notas de agradecimiento de cada establecimiento educativo, muy sentidas. Pero lo que realmente me movió la estantería, hasta las lágrimas, fue ver que un día determinado un grupo de docentes ingresó a la sucursal con una veintena de niños y niñas de una escuela especial. Cada alumno y alumna traía consigo una cajita hecha con sus propias manos, en papel corrugado, y en su interior, papelitos de colores perfectamente bien cortados, para nuestras anotaciones.

No hubo un solo empleado de aquella sucursal que no recibiera un beso, y esa cajita de regalo.

Juro que escribo estas líneas sin siquiera releerlas, porque las lágrimas me vuelven a aflorar y me impiden hacerlo.

¡Muchas gracias por permitirme contar esta, que fue para mí, una hermosa experiencia!

Saludo y salud para tod@s.

Una breve reseña:

Qué hiciste: Gestioné una donación de muebles a escuelas.
Cuándo y dónde: Años atrás, en una sucursal del Banco Provincia.
Motivación: Aprovechar oportunidades y recursos para ayudar a otros.
Cómo colaborar: Identificando necesidades y proponiendo acciones solidarias dondequiera que estemos.

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