
Universidad, iglesia y comunidad para nuevas oportunidades
Macarena Jeanette Lucero
Asoc. Nro: 479420
Acompañamiento comunitario y espiritual
Actualmente me encuentro realizando un proyecto de extensión universitaria convocado por la Universidad de Lomas de Zamora, el cual busca tender puentes entre la universidad y la comunidad. Cada semana visitamos una iglesia donde se reúnen personas en situación de calle. Allí, además de compartir ropa y viandas, ofrecemos acompañamiento para la búsqueda laboral: ayudamos a armar y mejorar currículums, brindamos consejos para entrevistas y compartimos herramientas que promuevan la inclusión social y laboral.
Cada miércoles, desde marzo hasta Navidad, un grupo de voluntarios nos reunimos en la Iglesia Presbiteriana San Andrés de Temperley, que abre sus puertas a quienes más lo necesitan. Algunos formamos parte de la congregación, otros no, pero todos compartimos el mismo deseo: acompañar, escuchar y tender una mano.
La jornada comienza temprano, con un momento de reflexión. Entre las 8:45 y las 9:30 nos detenemos a leer la Biblia, orar y prepararnos para el día. Ese espacio de calma y encuentro nos recuerda por qué estamos ahí. También contamos con el acompañamiento de una técnica en adicciones y dos psicólogas, una de ellas integrante de la comunidad, que nos ayudan a abordar distintas realidades con sensibilidad y respeto.
Después del devocional, el lugar se llena de movimiento y alegría. Recibimos a las familias, anotamos sus nombres y organizamos los turnos para la entrega de ropa o alimentos. Luego compartimos un momento en conjunto: cantamos, celebramos los cumpleaños de la semana y oramos unos por otros.
Más tarde llegan las charlas por grupos: niños, adolescentes, madres con bebés, hombres y mujeres. En esos espacios se mezclan la fe y la escucha, la reflexión y el aprendizaje. Hablamos de temas que atraviesan la vida diaria: trabajo, adicciones, situación de calle, violencia de género, planificación familiar. Son conversaciones sinceras, donde todos aprendemos algo nuevo.
Después compartimos un desayuno, que se siente más como una mesa familiar que como una ayuda. Finalmente llega el momento de entregar ropa y alimentos, un cierre que deja el corazón lleno.
Detrás de cada miércoles hay mucho trabajo invisible: voluntarios que buscan donaciones, otros que hacen compras y quienes preparan las bolsas los martes, para que todo esté listo al día siguiente. Gracias a ese esfuerzo colectivo, hoy acompañamos a unas 40 familias cada semana.
Cada encuentro nos enseña que no se trata solo de dar, sino de compartir. Que en cada saludo, en cada charla y en cada sonrisa se tejen pequeñas historias que, juntas, realmente suman.
¿Cuándo y dónde? En la Iglesia presbiteriana San Andrés de Temperley (General José Maria Paz 191, Temperley) cada miércoles del año.
¿Qué te motivó? Lo que me motivó fue el deseo de estar cerca de quienes muchas veces quedan al margen, de poder acompañar desde lo simple y compartir algo más que una ayuda material: tiempo, escucha y respeto.
Desde la universidad, siempre creí que el conocimiento tiene verdadero sentido cuando se pone al servicio de los demás, y este proyecto fue una forma de hacerlo realidad. La primera vez que participé, me sorprendió la calidez con la que las personas nos recibieron. Esperaba ir a ayudar, pero descubrí que ellos también me ayudaban a mí: a mirar distinto, a valorar lo esencial y a entender que detrás de cada historia hay una enorme fuerza por salir adelante.
¿Cómo sumarse o colaborar? Este proyecto se sostiene gracias al compromiso de muchas personas que ofrecen su tiempo y sus manos para acompañar a quienes más lo necesitan. Hay distintas maneras de sumarse:
• Colaborando los miércoles, en tareas como la cocina, la distribución de ropa, el servicio de desayuno, la entrega de alimentos o la coordinación de las charlas.
• Ayudando los martes, cuando se preparan y embolsan las donaciones para agilizar la jornada siguiente.
• Buscando donaciones, una tarea fundamental: muchas veces surgen ofrecimientos que requieren ser retirados en el momento. También se puede colaborar contactando instituciones o personas, enviando cartas, correos o realizando llamados.
• Aportando conocimientos profesionales, ya que siempre se necesita la ayuda de médicos, estimuladores tempranos y de toda persona dispuesta a compartir su saber y su tiempo, llevando esperanza con palabras y, sobre todo, con acciones.
• Acompañando con la oración, porque también desde la fe y la intención se construye este espacio de encuentro y solidaridad.
Las donaciones pueden entregarse directamente en la Iglesia Presbiteriana de Temperley, donde se lleva adelante el proyecto. Cada aporte, grande o pequeño, ayuda a sostener este trabajo que busca acompañar, incluir y tender puentes hacia nuevas oportunidades.
Una breve reseña:
Qué hiciste: Acompaño a personas en situación de calle en un proyecto universitario.
Cuándo y dónde: En la Iglesia Presbiteriana San Andrés de Temperley (Gral. José Maria Paz 191, Temperley), cada miércoles.
Motivación: Estar cerca de quienes más lo necesitan, compartiendo más que ayuda material: escucha, tiempo y respeto.
Cómo colaborar: Ayudando en las tareas de los martes y miércoles, buscando donaciones, aportando conocimiento profesional, acompañando con la oración, etc.